Aprender enseñando

Hay un chiste muy antiguo, y muy malo, que cuenta como había un borracho buscando unas llaves debajo de una farola. En esto se acercó un hombre presto a ayudarle, este le preguntó: -oiga buen hombre recuerda donde se le cayeron-, a lo cual el borracho respondió: -si claro que sí, fue allí en la oscuridad donde aquellos matorrales-. Entonces el buen hombre le miro extrañado y le preguntó: -¿y entonces, porque buscamos aquí?, a lo cual el borracho le dijo:- Hombre es que aquí hay más luz y se ve mejor-.

Este chiste por muy malo que sea guarda una gran enseñanza, y es que nos es más fácil recortar o quitar cosas  donde es más fácil o a quienes se quejan menos. ¿Pero realmente esas cosas que hacemos nos ayudan a solucionar el problema?.

Sin lugar a dudas aprender cosas nuevas es una de las actividades que más luz puede aportar a nuestras vidas, la formación y la educación nos ayuda en esa esquina de la zona de confort donde se guarda “lo que no sé qué no sé”, la formación siempre nos enseña caminos nuevos, retos realmente desafiantes y una mano al futuro, incluso cuando nos enseña errores del pasado, ya que de esa manera nos tiende una mano para no repetirlos.

A mí personalmente dar formación es una de las actividades que más satisfacción me da, algo que realmente me hace feliz y que además me impregna de confianza en la raza humana; y eso que cada vez que me hacen un encargo, el proceso casi siempre se hace “cuesta arriba”.

“Diez horas, dieciséis horas de formación”, sobre este tema “otra vez”, ¿quiénes vendrán?, ¿ lo contaré igual que la otra vez?, ¿usaré las mismas historias,  las mismas slides?, ¿qué puedo poner nuevo?

Muchas personas por desgracia siguen pensando que con los tiempos que corren y con todo lo que hay que hacer recibir formación es casi sinónimo de tiempo, siguen pensando en que siempre hay que estar “trabajando en el negocio” y no “trabajando para el negocio”, como fuente de alternativa y sostenibilidad de tu actividad. Luego hay otros más peligrosos, generalmente, directivos que tiene la agenda de los próximos cuatro meses llena y no tiene ni tiempo, ni necesidad de aprender ya que lo saben todo o simplemente con leer un artículo o libro en un avión lo aprenden.

Debería haber una norma que auditara y exigiera un número de horas obligatorias al año en formación, e inhabilitara al que no las cumpliera. No nos parece una locura que un médico por ejemplo este actualizándose continuamente, sin embargo obedecemos las órdenes de un jefe que en los últimos cinco años no ha ido ni siquiera a clases de inglés, compramos consultoría a profesionales que ponen en tela de juicio las redes sociales o compramos proyectos a personas que no saben gestionar su propia agenda de reuniones.

Luego cuando empiezan las clases todas las dudas se disipan, las historias empiezan a fluir incluso sin haberlas preparado, las mejores son aquellas que no estaban planificadas y aparecen de improviso, esa señal me indica que la formación va por buen camino; y lo mejor de todo es lo que aprendo de mis alumnos. A veces alguien me ha preguntado que como es posible hacerlo si no han abierto la boca durante las sesiones, si eso ocurre, que pocas veces pasa ya que procuro animar a participar siempre, me hace ser más exigente en el momento de mirarles a los ojos y sacar de ellos esa duda o esa aclaración o su participación.

Siempre he considerado importante que un profesor te mire a los ojos mientras cuenta su historia, si no lo hace porque está leyendo la trasparencia es que no es un profesor, es un farsante que le han encargado un curso y punto. La verdadera valoración de un curso no viene por las puntuaciones casposas que siempre preguntamos al final del mismo ¿la sala era adecuada? ¿El tiempo ha sido el correcto? ¿El material era el adecuado?, el verdadero indicador viene cuando el alumno en persona te da las gracias y te aprieta la mano, cuando al cabo de unos días te escribe y te dice que ha aplicado algo de lo que has contado, cuando al llegar las navidades te felicita y te dice que todavía recuerda el curso, y lo mejor de todo, el mejor indicador de todos es cuando al cabo de un tiempo vas a un sitio a dar un curso sobre el mismo tema de siempre o algo parecido y te encuentras con ese alumno que tuviste y que ahora tiene un buen puesto al que tu contribuiste con tu charla.

Por todos esos motivos nunca podre dar como profesor lo que todos mis alumnos me han dado, necesitaría varias vidas para poder agradecerles lo que aprendo de ellos y la felicidad que recibo a través de sus caras, preguntas, dudas, mails, etc.

Hace unas semanas acabe la asignatura de Lean IT dentro del “Master de Innovación y Gobierno TI” ( http://www.ie.edu/es/execed/psgsti?_adptlocale=es_ES) que imparte el Instituto de empresa bajo la dirección de la Doctora Silvia Leal (http://www.silvia-leal.es/); y he de decir que ha sido una experiencia difícil de repetir.

No es lo mismo dar un curso aislado sobre un tema tan innovador y estimulante como es el Lean IT a un grupo de personas que se han apuntado a ver de qué va esto, que hacerlo dentro de un ecosistema donde la formación alcanza un techo muy alto como es el IE School Business y con un grupo de personas con talento, que además de tu asignatura tiene muchas más y donde su curiosidad, interés y sobre todo su pasión por ver la utilidad de lo que les cuentas a veces te sobrepasa. Han sido diez semanas duras, donde todos hemos aprendido y además nos lo hemos pasado bien; reírse y divertirse no es incompatible con aprender, muchos profesores deben aprenderlo y aplicarlo, el nivel de la formación aumentaría bastante.

Estos alumnos ya eran grandes antes de conocerles pero estoy seguro que oiré hablar de ellos a partir de ahora, ayudarán a cambiar la sociedad, pelearán por ello y crecerán como personas y profesionales.

Manuel, Verónica, Oscar, José Luis, Héctor, Juan, Maria Jesus, Juana, Raúl, Javier, Rosa, Aihona, Myriam, Miguel, Agustín; Carlos, Marta, Joaquín y Alejandra; nunca olvidaremos el ejercicio de la compra de una casa que hicimos con hilos de lana, ni las tres M, ni esos consejos sobre los cuchillos que no cortan ni la gente que no aporta. Os deseo lo mejor y os doy las gracias por todo lo que me habéis enseñado estas diez semanas.

Regla nº119 “Cuando está el alumno el maestro aparece. (Yoda)”

Compartir esta publicación

Publicaciones relacionadas

Dejar una respuesta

Tu dirección de email no será publicada.Los campos obligatorios están marcados *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


Domingo Gaitero es informático; lleva más de 30 años en el sector de las Tecnologías de la Información, donde desde muy pronto se identificó e involucró con la Calidad del Software. Ha participado en numerosos simposios nacionales e internacionales, y ha impartido clases en universidades como Deusto, Politécnica de Cataluña, Carlos III de Madrid y Politécnica de Sevilla sobre Ingeniería del software y Calidad. Ha diseñado y puesto en marcha dos factorías de software y Testing en Valladolid y Sevilla...

Leer más

Sígueme en Twitter

PAM 2018

PAM 2017

TEDx Plaza Santa Barbara

Proceso Social

Más Videos